En un mundo en el que estamos hiperconectados y en el cual la información se obtiene en segundos, las noticias falsas se propagan mucho más rápido que la información veraz como demostró recientemente un informe del MIT sobre la propagación de noticias falsas en Twitter. Y es que la transformación digital trae consigo un fenómeno mundial difícil de detectar y corregir, incluso para algunos medios de comunicación.

Como dice Myriam Redondo, gran experta en comunicación digital, en su libro “Verificación digital para periodistas”, la mejor manera de no caer en las redes de las llamadas Fake News es preguntarse… ¿De dónde procede la información? Y es que este manual presenta la guía perfecta para destapar la mentira en línea.

En ocasiones cometemos el error de confiarnos demasiado en cualquier noticia que obtengamos de la red, sin verificar qué otros portales digitales contrastan este contenido. A esto se suma que en Internet hay gigantescas minas de información que se encuentran enmascaradas en la red. El problema, sin embargo, estriba en que la mayor difusión de mensajes no contrastados no recae en los famosos bots, sino en personas que protagonizan el mayor eco de los mismos.

Pero… ¿Qué tienen los bulos que les hacen tan atractivos? El principal mérito no es ser de calidad, sino llamativo. Lo importante no es la noticia en sí, sino el “clickbait” que se consigue mediante imágenes o titulares impactantes que desde el principio ya forman parte de la elaboración del fake, derivando en el éxito de la viralización.

La adicción de la desinformación

En este escenario de enorme fragilidad, el periodismo es fundamental. La verificación de las noticias recorre incluso las propias redacciones, y es que, es un ejercicio esencial en la labor del periodista. Al hilo de esta observación, si un periodista no contrasta la información que tiene en sus manos, aumenta el riesgo de desinformación o polarización en grandes sectores de la opinión pública.

Aquí es en donde se pone en juego el prestigio del medio. suponiendo la pérdida de las normas de excelencia periodística que comúnmente se les atribuye. Deshacernos de estas noticias falsas, es todo un reto. Más aún si nos encontramos con sites de noticias que imitan periódicos reales como El Mundo Today o el National Report, las cuales se mueven por la delgada línea que divide la sátira con respecto a la desinformación.

Pero este círculo vicioso que carece de valor, no solo afecta a los medios sino también a las organizaciones quienes viven rodeados de falsos rumores que ponen entre las cuerdas su reputación. También las compañías pueden verse afectadas. Para muestra un caso reciente que fue atajado a tiempo.

El museo Guggenheim de Bilbao expone desde el 11 de mayo la muestra “Arte y China después de 1989. El Gran Teatro del Mundo”. En la misma puede contemplarse un terrario con insectos y reptiles vivos que concitó la crítica del activismo animalista. En este caso, y al poco de iniciarse la muestra, se difundió el bulo de que en el museo había un caballo vivo colgado del techo mediante una cuerda. Obviamente era falso. Se trataba de un caballo disecado que se expuso en el Guggenheim en 2012. En este caso Maldito Bulo detectó la noticia falsa y la neutralizó de forma contundente.

Fuente: @malditobulo

Cómo luchar contra las Fake News

La estrategia de seguridad Nacional 2018 señala a las Fake News como uno de las amenazas que nos afectan. La Comisión Europea se puso manos a la obra para luchar contra la desinformación y las supuestas injerencias de otros estados en los procesos electorales. Fruto de ellos fue la creación de un grupo de expertos que llevan meses trabajando en el análisis del problema. Recientemente han aportado una definición de Fake News, sin duda un primer e interesante movimiento para saber a qué nos enfrentamos.

“información falsa, inexacta o engañosa que es diseñada, presentada y promovida intencionalmente para causar un daño público o con fines de lucro“.

El grupo de 39 expertos concluye, como señala nuestro colega, José Manuel Velasco, presidente de la Global Alliance, que las políticas contra la desinformación deben apoyarse en cinco pilares:

1. Aumentar la transparencia de las noticias online, lo cual implica un conocimiento adecuado de los sistemas que permiten su circulación.
2.Promover la alfabetización mediática e informativa para contrarrestar la desinformación y ayudar a los usuarios a navegar por el universo digital de los medios.
3. Desarrollar herramientas que permitan a los usuarios y periodistas abordar la desinformación y fomentar un compromiso positivo con tecnologías de la información en rápida evolución.
4. Salvaguardar la diversidad y la sostenibilidad del ecosistema europeo de medios de comunicación.
5. Promover la investigación continua sobre el impacto de la desinformación en Europa para evaluar las medidas adoptadas por parte de diferentes actores y ajustar constantemente las respuestas.

Pero si hay algo importante aquí es qué pueden hacer los grandes players, fundamentalmente Facebook y Twitter para luchar contra la desinformación. Sabemos que Facebook ya viene implementando políticas para evitar la manipulación informativa a través del tráfico de nuestros datos, algo especialmente evidente, tras el escándalo de Cambridge Analytica. También Twitter viene haciendo esfuerzos para que nuestro timeline esté libre de todo tipo de abusos. Sin embargo, la Comisión Europea espera más de ellos y, lo cierto, es que se les acaba el tiempo.

El 26 de abril la Comisión Europea dio un ultimátum de dos meses a las redes sociales para que presenten un código de conducta para luchar de manera efectiva contra la desinformación y las noticias falsas, que Bruselas considera una amenaza para la estabilidad democrática.”La difusión de desinformación deliberada: noticias falsas (Fake News) para influir y manipular el comportamiento es una amenaza real para la cohesión y la estabilidad de nuestras sociedades y para nuestras instituciones democráticas”, declaró en la presentación de la iniciativa el comisario europeo de Seguridad, Julian King.

Las redes sociales como Twitter o Facebook tienen hasta el próximo mes de julio para presentar el código de conducta exigido por Bruselas para que la información sea “más transparente, fiable y responsable” y la Comisión espera que para el mes de octubre haya “resultados visibles y mesurables”.

“Es un nuevo tipo de combate”, agregó el eurocomisario de Seguridad, quien señaló que la desinformación “se remonta a siglos atrás, pero las herramientas digitales de hoy en día permiten que se difunda a una escala y velocidad que no se habían visto antes y con un nivel de intrusismo sin precedentes”.

¿Y en España?

Fue tras la crisis generada el 1-O, con las elecciones catalanas, cuando el gobierno es plenamente consciente de cómo acciones coordinadas de desinformación organizadas, supuestamente por otros estados, pueden influir en procesos electores. A raíz de ello, y de forma transitoria, se decidió encomendar al Consejo Nacional de Ciberseguridad la lucha contra las Fake News.

De este organismo, presidido por el director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), el general Félix Sanz, forman parte los responsables del Departamento de Seguridad Nacional, el Mando Conjunto de Ciberdefensa, el CCN (Centro Criptológico Nacional), el CNPIC (Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas) o el INCIBE (Instituto Nacional de Ciberseguridad), así como la embajadora especial para las amenazas híbridas, Julia Olmo, entre otros.

No es la única medida a la vista. También se tiene prevista la creación de un grupo de trabajo en la Comisión de Defensa del Congreso que convocará a los editores de los medios, según publicaba el diario El País.

¿Estamos ante una nueva guerra fría?

Las tareas de información y desinformación son por supuesto tan antiguas como la humanidad y fueron una constante en la guerra fría. La pregunta es, ¿Podemos considerar a las supuestas inferencias rusas un acto de guerra? En una jornada sobre Guerra Híbrida desarrollada recientemente el jefe del mando de Ciberdefensa, el general Carlos Gómez, calificó a las noticias falsas como “armas de persuasión masiva”. Consideró, además, que una población más culta es menos resiliente.

El general pidió que se legisle a nivel internacional para legitimar la respuesta judicial internacional contra este tipo de agresiones e incluso la respuesta del país atacado. Sin embargo, al general le pareció exagerado que estemos ante una segunda guerra fría.”Estarán conmigo en que esas actividades de los hackers, desestabilizar un proceso electoral no sé dónde…eso no es guerra”.

Mientras tanto, y hasta que todas estas iniciativas empiecen a dar sus frutos, está claro que no nos queda más remedio que incrementar nuestras competencias para detectar las noticias falsas o fiarlo todo a la acción de cibervoluntarios como los VOST, Salud sin Bulos o Maldito Bulo. Confiemos en que, como siempre, continúen manteniéndose eficaces patrullando la red.

Luis Serrano

Director área de Crisis

Madrid

Ana Méndez

Consultora área de Crisis

Madrid